Yo indio, tu hombre blanco.El otro día una persona de mi total confianza, pues me lo demostró con creces en el pasado, me comentó que, mi gran jefe, a mis espaldas, dice que escribo mis informes como un indio.
Lo curioso fue que las palabras del hombre blanco no me molestaron, sino que me sorprendieron y me llemaron de "orgullo y satisfacción", ya que , este indio, pensó que por fin alguien fue capaz de darse cuenta de mi verdadera naturaleza, digamos espiritual y por qué no, étnica, aunque sólo lo sea en mi corazón (que cursi).
Yo llevo mis pinturas de guerra siempre conmigo (léase mis tatuajes), luego hay una parte de mi salvaje, indómita, libre, que me empuja a enfrentrame con el hombre blanco, que sólo sueña con someterme y que lo que más odia, lo que no más le frustra, es que cuanto más me ataca, con mas dureza y determinación le respondo. Esta parte de mí, mi parte de indio, es de la que más me enorgullezco, ya que es la más auténtica de mí.

Es curioso, pero, cuando era pequeño, mi abuelo me contaba que nuestra familia vivió en Uruguay durante generaciones y generaciones, es decir, que durante siglos fuimos uruguayos, vivíamos en la frontera entre Uruguay y Brasil, joder, a lo mejor tengo genes de nativo americano, que honor para mí y lo digo en serio.
Esta reflexión, tan interesante, me llevó a recordar un poema de William Ospina, del magnífico poeta colombiano y también al Poeta, a Pablo Neruda y a su Canto General.
Quiero dejar aquí este hermoso poema de D. William Ospina, pronto leeré sus dos novelas Ursúa y El país de la Canela.
EL AMOR DE LOS HIJO DEL AGUILA.
En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón del pájaro.
En la hoja del remo ya está, invisible, el agua.
En torno del hocico del venado ya tiemblan, invisibles, las ondas del estanque.
En mis labios ya están, invisibles, tus labios.
Por último,
este pintura ser mensaje al hombre blanco.